Homosexualidad, la palabra

Homosexualidad, la palabra

La palabra homosexualidad fue creada en 1869 por Karl Maria Kertbeny en un panfleto anónimo que apoyaba la revocación de las leyes contra la «sodomía» en Prusia. Fue incluida en Psychopathia Sexualis (1886), un estudio de Richard von Krafft-Ebing acerca de lo que en esa época se consideraba una desviación sexual. Aunque hoy se emplea de forma generalizada, es oportuno reseñar que la existencia de la categoría homosexual en sí misma, aplicada a personas, es objeto de contestación desde diferentes puntos ideológicos. Ya que algunas corrientes niegan que la orientación sexual de una persona la defina en modo alguno. La terminación –ismo se considera a veces como peyorativa, tal como sucede con la palabra homosexualismo. Este sufijo tiene numerosas definiciones, que van desde «partidario de…» hasta «enfermedad de…», como en el caso de gigantismo. Por ello, su uso definiría la idea de que el colectivo homosexual tendiese a la promoción de sus conductas, o incluso de que la condición homosexual debiera entenderse como una deficiencia mental. Al irse apartando la sociedad de la creencia de que la homosexualidad es una enfermedad, se fue imponiendo el término homosexualidad, ya que la terminación –idad únicamente implica «calidad de…».​ Hoy, la RAE solo recoge esta última.

La palabra «homosexualidad» se refiere a la orientación sexual de una persona que siente atracción emocional, romántica o sexual hacia personas del mismo sexo. El término se compone de dos elementos lingüísticos: «homo», que proviene del griego y significa «igual», y «sexualidad», que se refiere al conjunto de características relacionadas con el sexo y la sexualidad.

A lo largo de la historia, la homosexualidad ha sido estigmatizada, criminalizada y objeto de discriminación en muchas culturas y sociedades. A pesar de los avances en la lucha por los derechos LGBTQ+ en muchos países, las personas homosexuales todavía enfrentan discriminación y violencia en algunos lugares del mundo.

Es importante reconocer que la homosexualidad es una parte legítima y válida de la identidad de una persona, y que todas las personas tienen derecho a expresar su sexualidad de manera consensuada y sin temor a discriminación o represalias. La aceptación y el respeto hacia la diversidad sexual y de género son fundamentales para promover la igualdad y la ju